Streamers o Piratas. Por Jairo Guerrero

Actualizado: 15 de dic de 2020



Streaming: es la reproducción digital de archivos multimedia desde la red. No solo es una práctica que se ha hecho cada vez más popular gracias a plataformas como Spotify, Deezer, Jango, iTunes, etc, sino que además se ha convertido en un verbo que desangra poco a poco a la industria de la música, a los artistas y a las disqueras.

Quien consume la música está lejos de poder considerarse un consumidor, pues no se acerca en lo más mínimo en la práctica, al acto de ser shopper. Es decir, no compra lo que escucha. Simplemente reproduce la música por inercia y de manera gratuita en sus dispositivos móviles. Es un dinámica donde los desarrolladores ganan mucho, y quienes hicieron la música que se escucha, se llevan muy poco.

Es un daño colateral que aunque ha venido encontrando vías de remuneración cada vez mejores, ha afectado de manera profunda a los artistas, sus derechos de autor, sus regalías, etc.


Frente a esta problemática, se ha creado un dilema interesante en el que varios de los actores involucrados creen que el mercado de la música se beneficia. Por un lado, Spotify ha dicho que su servicio gratuito evita que la gente piratee los discos, pero la gran verdad es que estas plataformas son piratas disfrazados de corporación, al permitir streaming gratuito y lucrar de la música, para ganar dinero por suscripciones y por anuncios transmitidos en su plataforma, de lo cual los artistas reciben nada o muy poco.


Emanuel Zunz, fundador de la plataforma ONErpm afirmó en una entrevista para "El Universal" que "por ejemplo en México, la piratería musical estaba disminuyendo gracias a estos sistemas de Streaming", pero esto es solo una parte de la verdad; mi verdad como productor y ente involucrado en el negocio de la música, es que al mismo tiempo también se ha dejado de comprar música legal y ahora los artistas simplemente trabajan duro para hacer música que va a terminar de manera gratuita en los oídos de los streamers.

Toda esta situación también ha creado una dicotomía entre disqueras globales e independientes, pues la posición de ambas es muy diferente frente a esta problemática; por uno lado para las disqueras indie (independientes) esta es una suerte de oportunidad para que la música de sus nuevos artistas llegué a más público, pero en cambio las grandes corporaciones, el streaming es una manera fácil de perder miles y miles de dólares en regalías no percibidas.


De hecho toda esta gran realidad, es la razón por la que muchos artistas han pedido a sus disqueras retirar su música de plataformas como Spotify, lo cual fue también el detonante para la creación de TIDAL hace unos años, una plataforma que aunque sin una repercusión comercial tan fuerte como sus competidores, al ser un servicio creado y administrado por artistas (Daftpunk, Calvin Harris, Jay Z, Madonna, etc), tiene un modelo que asegura que lo que genere la plataforma, se queda en los bolsillos de los artistas y no en los bolsillos de los dueños de las otras plataformas, como está pasando con Spotify.

Pero sea cual sea la solución, todo esto nos indica que el negocio de la música se está revolucionando nuevamente, justo como cuando apareció Napster o como cuando iTunes presentó el iPod.


La relación música-oyente está cambiando y la música ha dejado de ser un producto tangible y se ha convertido en un intangible que vive por inercia gratuita en el espacio de las personas.

Y aunque es un momento delicado para los que hacen la música, quienes además de regalías han perdido fees de presentaciones por culpa de la pandemia, también es un momento interesante para que los involucrados en el negocio del entretenimiento replanteen su modelo, y tanto como los artistas, las disqueras, y las marcas exploren esta nueva inter conexión que ha explotado por el covid, y busquen generar nuevos puntos de contacto para llevarles sus canciones.



Por Jairo Guerrero


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