El día que conocí a Cerati. Por Jairo Guerrero


Era un salón vacío. Periodistas de un lado a otro, mesas abarrotadas de café, cámaras televisivas que parecían inertes monumentos puestos allí hace décadas. Uno que otro fan y mucha expectativa por lo que sucedería en los siguientes minutos.

Era la conferencia de prensa del album “Bocanada” de Gustavo Cerati, en uno de los salones del Hotel Cosmos 100 en Bogotá-Colombia, a la cual había sido invitado.


Sábado 27 de Mayo de 2000. 4:35 PM


Por el túnel del lobby, como una base de lanzamiento, se alcanzaban a ver las habitaciones de arriba, como girando en espiral. Gente desapercibida, entraba y salía, entre ellos, alguien de seguridad que pasó por mi lado hablando por el radio, y es cuando alcancé a escuchar las palabras mágicas: "la estrella está en la habitación 222". (Archivé esa información para más tarde).


Desde donde estoy, y mirando hacía arriba, trataba de adivinar en cuál de esos corredores estaba la 222 imaginando que la estrella a la que se referían era Cerati, alcancé a divisar a una mujer que sale apurada, tomó el elevador panorámico y bajo al lobby. Era Lourdes, su jefa de prensa. Caminó tímida entre los numerosos asistentes, que a ese momento ya habían invadido todo el lobby del hotel, como si se tratara de la visita oficial de la Reina de Inglaterra.

Muchos aprovecharon para llenar sus manos de souvenirs y cosas que querían hacerle llegar a Gustavo; peluches, cartas, discos, etc.


Yo por supuesto, tenía en mis manos 2 cosas que le quería entregar a Cerati, y era la razón de mi presencia allí. Mi primer libro (Ciclo Muerto), el cual contenía escritos y referencias a canciones de Bocanada, y un Cd Demo de música electrónica experimental que había producido en ese entonces, siguiendo las influencias técnicas de la manera como “Cerati” había hecho su album "Bocanada".

Decidí no entregar mis preciados presentes a Lourdes, pues no creía que nada de eso llegara a manos de Cerati, así que preferí esperar…. “de algo debía servirme la información que tenía acerca del 222”.


Lourdes, agarrando a 10 manos todos los presentes que le habían dado los asistentes del lobby, se paró al centro del hall y dijo en voz alta: “ Les agradecemos su paciencia, Gustavo está listo hace media hora, pero nos hemos retrasado esperando algunos medios que faltan, en 10 minutos estará con ustedes”.


Como en jauría, todos corrieron al salón después de estas palabras, alistaron sus cámaras, revisaron el rollo, las baterías, el ángulo, el foco y 10 minutos después la puerta se abrió.

A paso veloz entró Gustavo Cerati, oculto tras sus gafas de Carey, su gorro de pescador color Kaki y un suéter azul de lana con figuras humanas estampadas en el pecho.


En ese punto, todo estaba dispuesto: más de 20 micrófonos en su mesa, un ridículo oso de peluche que alguien dejó allí en el último momento y cientos de flashes sobre su cara.


El moderador se paró frente al micrófono y dijo: Bienvenidos, primera pregunta por Gabriel Andrade del periódico bla, bla, bla, bla….. , a partir de allí, las preguntas de siempre, la gente de siempre, y hasta caras bonitas, de esas que al día de hoy adornan las emisoras y los canales televisivos, preguntando por el album “Color Amarillo”, refiriéndose al disco “Amor Amarillo” de Cerati. "Estupideces que nunca faltan".


Así comenzó la vuelta por el universo de Gustavo en esa rueda de prensa.

Cuestionamientos como:

¿Y el estudio supersónico de Soda?

-Rta: Se desmanteló a pedacitos, cada quien se fue llevando sus aparatejos hasta que el sitio quedó vacío.


¿La Casa Submarina?

-Rta: Inundándose. Por lo menos me sale más barato pues no pago la renta, queda en mi casa.


¿Y qué del futuro del Rock?

En este momento Cerati mueve sus manos como consultando su bola de cristal imaginaria y al cabo de unos segundos responde: “no tengo ni idea”.

Y así continuaron las preguntas. Qué piensas, qué opinas, qué crees, qué haces.

"Hasta ahí, yo conocía a Cerati tanto como el resto de las personas en esa sala, pero mis intensiones iban más allá de estar ahí en medio de las ovejas de la prensa".

Aprovechando que la rueda de prensa estaba en su climax, y toda la atención del hotel volcada en aquel salón, salí y me escabullí por las escaleras de emergencia con una bata blanca de camarero de hotel que llevaba guardada en mi mochila, junto con mi libro y mi Demo. En algún momento la rueda de prensa terminaría y él estaría de vuelta en la "222”.


Aguardé en la escalera del 2do. Piso y cuando el circo periodístico terminó, Cerati y todo su séquito subió por el elevador panorámico y entró a su habitación, en efecto la “222”.

Conté hasta 10, respiré hondo, y salí al corredor con actitud de trabajador hotelero (No se como es esa actitud, pero la asumí). En mi camino a esa puerta que estaba a unos pasos, pasaron horas en mi cabeza imaginando cuál excusa daría a la persona que abriera. Llegué a la 222, toqué, y para mi sorpresa, fue “Gustavo Cerati” quien abrió.

En ese momento él se da cuenta que no soy ningún camarero, y me dijo: “Estás bárbaro” (refiriéndose a la suplantación que había hecho para llegar allí) , “qué puedo hacer por vos”, dijo.

Le respondí, “simplemente quiero darte las gracias por tu música y por inspirar mi trabajo"; tomé el CD Demo y mi libro, se lo di en sus manos diciéndole: “Esto es parte de lo que inspiraste y es para ti”.

Miró el Demo, luego el libro “Ciclo Muerto”, que tenía en la portada una imagen de mis manos impresa y me dijo: “Che, flaco, me gustan esas uñas negras, gracias”.

Cerró su puerta y se fue. Yo me quedé como rezan 2 de sus canciones: “Aquí y ahora (los primeros 3 minutos)”, “Aquí y Ahora (después)”.



Por Jairo Guerrero